miércoles, 9 de junio de 2010

El miedo


Cada vez que me quedo embobada mirando cada sutil gesto de mi hija mientras duerme me pregunto, ¿cómo lo hicieron mis papás para dejarnos ir y crecer? ¿Cómo superaron ese espantoso miedo de ver sufrir a un hijo? Y ni hablar de la psicosis de imaginar que le pasan cosas terribles y que no estás ahí para ayudarlo…

Junto con todo el amor que viene con tu hijo, se agrega también un tremendo miedo a perderlo o verlo sufrir.

Suena bastante siútico puesto de esa manera, pero es un temor que ni siquiera Rambo supera tan fácil. Claro, porque Rambo se limpia las heridas con licor, les prende fuego y mantiene su cara-de-nada-con-la-boca-chueca porque no le teme a nada y todo lo supera. Pero Rambo nunca cambió un pañal, ni dio a luz, ni tuvo hijos (o sí, no se, no he visto todas las Rambos). El punto es que yo antes también era un poco así… no tan bruta, pero con la firme creencia de ser capaz de superar cualquier miedo momentáneo y salir airosa de la situación.

Eso hasta que un día sin querer le corté un pedazo de dedito a la Jo.

Suena bastante idiota, y pensándolo bien la situación entera lo fue. Pero pocas veces he llorado como el día en que me decidí a estrenar el cortaúñas de bebé que me regalaron.

Luego de meditarlo bastante, a los dos meses tomé la decisión de pasar al siguiente nivel y cortarle las uñas de las manos con un elemento cortopunzante real (ni hablar las de los pies... si los míos me cuestan aún). Después de un rato y de esperar que la Jo estuviera ligeramente dormida, comencé el proceso, muy segura de mis capacidades psicomotoras. Todo iba bien hasta la uña nueve, pero justo cuando pensaba que era la reina de la motricidad fina, la Jo se despertó, se movió… y corté un pedacito de su dedo.

Se me detuvo el corazón y me quedé mirando fijamente cuánto había cortado. Entonces comenzó a salir sangre. Era poca (de hecho no fue tanto lo que corté), pero suficiente como para congelarme y hacerme sentir la sádica más espantosa de pie sobre el planeta.

La Jo me miró con cara de pregunta y yo me puse a llorar como una idiota, y claro, ella se asustó y se puso a llorar también, y yo –doblemente idiota- pensé que lo hacía por su dedito y lloré más aún. Un espectáculo en aumento y que afortunadamente Carlos, con la mente más fría, se apresuró en terminar diciéndome que le diera un poco de leche para pasar a otra situación más amigable.

Lo más complejo es que por otro lado, la sociedad, las noticias, las películas y las historias del amigo-del-amigo hacen que ese miedo se alimente. Sobre todo si eres primeriza y nunca antes has tenido un encuentro con un bebé.

Así me he encontrado luchando conmigo misma para superar de alguna manera ese temor, para lograr que mi hija tenga una vida relativamente normal y no se avergüence de su madre. Así, he intentado dejar la costumbre de mojarme los dedos en mitad de la noche y ponerlos en la nariz de la Jo cuando duerme profundamente (para ver si respira). Entre otras ridiculeces que no vale la pena mencionar.

Ahora que soy mamá entiendo varias cosas, como cuando mi papá aparecía justo cuando estaba bailando un lento en mis primeras fiestas adolescentes para irme a buscar, o cuando se quedaba conversando con el papá del dueño de casa durante toda la fiesta, vigilando. O por qué mi mamá nunca fue a verme pelear en los torneos de Judo. De hecho, ahora que lo pienso bien, no sé cómo hice todo lo que hice sin dejarlos en la oficina del psiquiatra con un ataque de nervios.

Supongo que tendré que empezar a convivir con ese miedo, de manera de que la Jo pueda vivir una vida relativamente normal y plena, sin una loca siguiéndola a todas partes… ni siquiera para Rambo es una tarea fácil, y eso que supuestamente él no le teme a nada. Entréguenle un hijo y veamos cuánto le dura la valentía al hombre ese.

Mi tarea recién comienza. Y bueno, con respecto al cortaúñas, debo confesar que mi hija ya va a cumplir cuatro meses y sigo usando la lima…

3 comentarios:

  1. : )
    cómo me alegra no ser la única que se ha vuelto missssss paranoias con la maternidad, ejjeje

    ResponderEliminar
  2. hasta el día de hoy (después de 5 años) mojos mis dedos y los pongo cerca de la nariz de Amanda para estar segura que respira, y debo reconocer que no lo hago solo una vez por la noche.
    y qué?! yo soy feliz con eso! qué importa lo que piensen las "experimentadas"? solo trato de hacer este tipo de cosas sin que mi chinita lo note :P

    ResponderEliminar
  3. buenísimo Palo! la Alicia tiene 2 meses y jamás le he cortado las uñas, pero el Marco es un experto así es que prefiero relegarle la tare a él.
    cierto lo del miedo... hasta cuando la Alicia la noto un poco congestionada ya me siento culpable de que se resfrió porque no la tapé bien o a lo mejor la tapé mucho y transpiró... o culpable porque se le pasó el pañal y estaba durmiendo con el pijama mojado, etc. etc. etc.

    ResponderEliminar